Juanetes, durezas o callos

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Juanetes, durezas o callos En ocasiones las durezas y los callos se asumen como consecuencias normales del trabajo que realizan los pies. Sin embargo, la mayoría de los españoles desconoce que gran parte de los trastornos más comunes son los juanetes. 

Estos trastornos afectan al 70 por ciento de la población en España, y aunque algunos de éstos parecen inofensivos, pueden tener importantes consecuencias en la manera de andar ocasionando cojera, dolor en las articulaciones y la aparición de durezas o callos. El 40 por ciento de las patologías del pie es similar entre hombres y mujeres, y las más comunes son las que afectan a los huesos y a las articulaciones, como los juanetes (hallus valgus) y la tendinitis (tejidos blandos). 

En un estudio realizado en el Servicio de Reumatología del Hospital del Mar, en Barcelona, se comprobó que el 50 por ciento de los pacientes tratados allí calzaba un número menos del que le correspondía, lo que se traducía en la aparición de durezas, callos en las partes blandas y trastornos de la marcha.

Juanetes
El juanete se produce como consecuencia de la desviación del primer metatarsiano hacia la línea media y del primer dedo hacia fuera. La consecuencia inmediata es la aparición de una prominencia ósea lateral que puede ser muy dolorosa. Además, la bolsa que se desarrolla sobre esta prominencia se puede inflamar o infectar. Entre las causas principales de los juanetes se encuentra el calzado, aunque no es el único responsable. 

La mayoría de los casos se corrigen con la cirugía percutánea, empleada también en las deformaciones de los dedos, los espolones del calcáneo y los osteocondromas. La intervención consiste en la práctica de tres incisiones de dos milímetros con el fin de eliminar el saliente óseo. Además, se corrigen los ejes alterados del primer metatarsiano y del dedo mediante cuñas practicadas en el hueso para evitar que el juanete se reproduzca.

La ventaja de esta técnica consiste en que el paciente puede regresar a su casa tras la intervención por su propio pie. El postoperatorio no es doloroso porque la cirugía no toca los tejidos blandos o las intervenciones y las molestias desaparecen a las seis semanas. Durante este periodo los pacientes deben llevar un separador del pie y un zapato especial.

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